El genio que adivina tus pensamientos (y 3).
Escrito en la categoría General, Juegos
11 de Octubre del 2009
En el post anterior concluíamos que la teoría de la información de Shannon (con el concepto de entropía), unido a los árboles de decisión, constituían las herramientras principales para la creación de Akinator y sistemas similares. También es cierto que uno de los puntos más importantes en la concepción de dicha máquina es la capacidad de “aprendizaje” o realimentación que muestra a partir de las respuestas de la gente.
Akinator no es una máquina estática, que toma decisiones estáticas durante toda su “existencia”; más bien es una máquina dinámica, que se adapta a las nuevas entradas que la gente introduce. Intuitivamente podemos entender que el árbol que modela su comportamiento se va recalculando a medida que la gente introduce entradas nuevas, de este modo si las tendencias de la gente cambian a la hora de elegir un futbolista, por ejemplo, la máquina se adapta a dicho cambio y por tanto las preguntas variarán. El tema del aprendizaje es de por sí un tema amplísimo, de los más importantes quizá en el campo de la inteligencia artificial, y en mi opinión de los más apasionantes, por ello no voy a tratarlo en este post, sino que dedicaré tiempo a ello más adelante.
Además, tampoco voy a hablar del algoritmo ID3 ni de Quinlan, su creador, puesto que me parece que lo interesante de estos posts era saber intuitivamente cómo era concebible Akinator, sin entrar en detalles más técnicos que a muchos de vosotros quizá no os interese (no obstante, si os interesa, es bastante sencillo entender cómo funciona dicho algoritmo, así que adelante, preguntad).
En este post por tanto quiero dejar algunas reflexiones abiertas; no se basan en mi opinión, son sólo reflexiones, así que a ver si os animáis, las criticáis o las defendeis y levantamos nuevamente el blog después de este pequeño letargo.
Dado un dominio del conocimiento concreto, tanto para humano como para una máquina, y entendiendo intuitivamente la inteligencia:
Reflexión 1: El test de Turing. Si un humano que observa un ente (ya sea humano o máquina) y aprecia en dicho ente un comportamiento que pueda entenderse como inteligente, ¿está observando inteligencia?. De otro modo, si veo a una persona intentando adivinar el pensamiento de otra con preguntas, y después veo el comportamiento de Akinator, presentando ambos un comportamiento inteligente, ¿puedo concluir que ambos son inteligentes?.
Reflexión 2: La habitación China. Si una máquina que muestra un comportamiento inteligente, implementa en su interior un comportamiento que es totalmente determinista, con unos algoritmos concretos y un conocimiento dado, ¿es la máquina inteligente?. Si respondemos que no lo es, sino que sólo atiende a lo que tiene “programado”, entonces ¿por qué entendemos a un humano como un ser inteligente? es decir, en realidad no sabemos que hay en lo más profundo del cerebro humano.
Conclusión:
Tenemos una máquina que responde de forma inteligente, y de la que conocemos totalmente su funcionamiento interno.
Por otro lado tenemos un humano que también responde de forma inteligente y del cual no conocemos su funcionamiento interno.
De esto ¿cómo podemos concluir o discernir dónde hay inteligencia?


