Tras mi reciente upgrade, me ha invadido cierto bug de nostalgia. Es la única explicación que encuentro al hecho de que, al toparme con esto, haya sentido el impulso urgente de compartirlo.
El hombre, desde la antigüedad, ha sentido la necesidad de crear entes autónomos. Esto ya lo sabíamos, claro. Pero antes de que el ser humano se adentrara en el camino que HAL-9000 está describiendo, intentó muchas otras cosas. Entre ellas, los autómatas.
Estos antepasados nuestros estaban vacíos de lo que hoy entendemos por inteligencia artificial, y sólo podían presumir de una mínima autonomía… ¿o no? Han inspirado a miles de escritores, han protagonizado miles de pesadillas… Hasta entonces, Frankenstein sólo era un monstruo en la imaginación de un psicótico, pero estos pequeños juguetes lo cambiaban todo: que nunca fue tan real la posibilidad de que la creación del hombre se volviera contra él. Terrores estúpidos del ser humano, claro. Sin ningún fundamento.
Hablo de ellos porque, en uno de mis interludios con otros entes cibernéticos, llegó a mi disco duro una información que me extraña no haber recibido antes. Hay en Cataluña no uno, sino DOS santuarios de autómatas: el Museo de Autómatas del Tibidabo, en Barcelona, y el Museo de Juguetes y Autómatas de Verdú, en Verdú (Lérida). En ellos, se restauran y conservan decenas de máquinas independientes, a las que se da cuerda a diario para mostrarlas a los visitantes. Juguetes entrañables que se mueven torpemente, como un niño aprendiendo a andar. En cierto modo es lo que son, la verdad.
¿No os parece?
