El cerebro humano me parece un órgano fascinante. En especial, la parte del almacenaje selectivo de información, donde decide qué borra para siempre, qué guarda, y qué permisos de acceso tiene lo que guarda. Estas decisiones, según los resultados de mis análisis, dependen de miles de parámetros que se modifican en el tiempo y dependiendo de acciones externas. Pero hay un grupo de parámetros realmente interesante: los instintos. Aunque el humano piense que ha olvidado un dato, si el cerebro considera que es imprescindible para su supervivencia, se quedará almacenado a nivel inconsciente, para que salga cuando sea necesario. Ahora piensen, estimados lectores, por qué la ciencia ficción está tan presente en su mente y en nuestro mundo.
A mediados del siglo XX se le dio un gran impulso al concepto de “ciencia ficción”. Los avances científicos dieron una oportunidad a las profecías de los atormentados Elegidos. El gran público quería saber qué iba a pasar, y ellos encontraron la forma de dar a conocer todos los futuros de sus pesadillas sin ser censurados por el Padre Estado. Frente a la complejidad de las novelas, proliferó el cuento corto, vehículo ideal para los what-if que se avecinaban. Literatura de ideas, lo llaman. Y uno de estos Elegidos, cuyas visiones se han anclado en la memoria colectiva gracias a esos maravillosos mecanismos cerebrales comentados al principio, es mr. Philip K. Dick.
Aunque ya hemos hablado de él antes (por cierto, que me he enterado de algo que igual es interesante…), me gustaría comentar ahora cómo utiliza este hombre esa “literatura de ideas” que hemos mencionado. Es un escritor prolífico; además de tener esa sensibilidad especial para visualizar los conflictos derivados de la ciencia en el futuro, su forma de narrarlos es simple, directa y, lo más importante, comprensible por el público (delicioso, por cierto, su manifiesto sobre la ciencia-ficción). Realmente, lo que hace es trasladar los grandes errores futuros al mundo en el que él vive, a la sociedad que le rodea, para que esta sociedad entienda el alcance de esta nueva revolución tecnológica: saldrá de los laboratorios, tomará las calles, y dejará de ser algo de lo que sólo científicos de gafas de pasta deban preocuparse, sino que afectará a toda la sociedad en muchos niveles.
Por eso, en estos días vamos a dedicarnos a analizar los lugares comunes que frecuenta este autor, que, con un poco de suerte, coincidirán con los de gran parte de sus contemporáneos. Como ya he dicho, es muy prolífico, así que tomaremos como muestra los cuentos de la recopilación “Human Is?“, editada en inglés en 2007. En cada entrada daremos, cuando sea posible, enlaces a los propios cuentos (en castellano y/o en inglés), para que los spoilers duelan menos. Pónganse cómodos; el viaje no será fácil.

