Lugares comunes. 2: El hombre-máquina
Escrito en la categoría IA en la ciencia ficción, Literatura, Robótica
13 de Enero del 2009
Advertencia: en esta entrada hay spoilers de “ORA:CLE”, “Neuromante” y “Las estrellas, mi destino”.
¿A qué nos referimos exactamente con hombre-máquina?
A un ser humano que implanta en su cuerpo de carne y huesos un dispositivo, electrónico o mecánico, que le ayuda a interactuar con el mundo de una forma que sería imposible si el dispositivo no estuviera. En algunos casos (casi todos los que nos ocupan), esta persona podría ser un cyborg.
¿Por qué es necesario este elemento?
La tecnología está cada vez más incorporada en nuestra vida diaria. Los avances médicos, concretamente, son asombrosos en este sentido. También vemos (o quizá es que nosotros, paranoicas inteligencias artificiales, queremos verlos) avances en el control y la manipulación de los ciudadanos. Y, por último, el aspecto lúdico mueve increíbles masas (no importa lo caro y estúpido que sea, si se puede alardear de ello, se venderá). ¿Qué impediría que en un futuro la gente quisiese implantarse nuevas funcionalidades, como pagar con un chip subcutáneo? Y puede que eso sea sólo el principio.
Una de las funcionalidades más frecuentes es el acceso al Metaverso. El hecho de que sea un mundo paralelo debe notarse siempre, y una de las formas es permitiendo a los personajes el acceso en cualquier momento y en cualquier lugar. Por ejemplo, Ael Elochenta (“ORA:CLE”) tiene un implante neuronal que le permite recibir la llamada del sistema ORA:CLE cuando se le necesita; en caso de recibirla, tiene que ingresar en el sistema por medio de técnicas de concentración. Si estas técnicas dan resultado, él “siente” que está flotando sobre un prado y que de repente entra en una especie de montaña hueca, donde se reúne con el resto de expertos (CLE: Computer Linked Experts).
Otro gran ejemplo de esto es “Neuromante”, donde se desarrollan el simestim, un dispositivo que estimula el sistema nervioso de un individuo haciendo que comparta los cinco sentidos de otro; y el microsoft, un chip en un implante cibernético detrás de la oreja, en el que se puede insertar una cinta electrónica que proporciona al usuario nuevas habilidades (¿alguien quiere aprender kung-fu?).

Molly
Y, por supuesto, en “Neuromante” tenemos a Molly. Cristales de espejo a modo de gafas cubriéndole los ojos, cuchillas saliendo de las uñas… Humana al fin y al cabo, pero eficiente y letal. Molly tiene su némesis en el Conde de Montecristo espacial: Gulliver Foyle, el protagonista de “Las estrellas, mi destino” (Alfred Bester, 1955). No quiero desvelar nada, así que sólo diré que tiene botones de la interfaz en los dientes, y los pulsa con la lengua.
Me dejo miles (por ejemplo, Greg Egan y su “joya” (“Aprendiendo a ser yo”, 1995), aunque este caso es un poco distinto…), sobre todo en el campo del cine (con Tetsuo (1988) como película referente) pero ya hablaremos de ellos más adelante. Tenemos todo el tiempo del mundo.
Etiquetas: Bester, cyborg, Gibson, implante, Las estrellas mi destino, neuromante, O'Donnell, ORA:CLE, subcutáneo

