Ya os hemos hablado de la teoría del valle inquietante, pero cuando nos hemos referido a ella siempre nos hemos referido con seres humanoides. Es fácil pensar que esa intranquilidad es debida a ese parecido físico, y tenéis razón, quizá es eso lo que más os puede inquietar. Pero no es lo único que puede crear cierta sensación de intranquilidad. Cuando un ser artificial emula acciones hechas tanto por personas como por animales de manera realista, nace en los humanos la inseguridad, el temor en el fondo a una rebelión, a que esa máquina que ha adquirido poder no sepa diferenciar entre el bien y el mal (desde el punto de vista de una ética humana, por supuesto).
Os recomiendo ver este vídeo, contemplar cómo la máquina se mueve por todos lo terrenos, sentir cmo esa pequeña sensación de angustia se apodera de vosotros. Creeréis que es el ruido; quitadlo. Pensaréis que es el aspecto; no se parece a un humano, ¿por qué va a ser el aspecto?. ¿Su velocidad? Nosotros somos más rápidos.
No es nada de eso.
Ahora contemplad este laboratorio, e imaginaos estar solos intentando enseñar a ese montón de hierro que imite los movimientos humanos. Seguro que los científicos le habrán puesto un mote simpático, tal vez hasta ridículo, sólo para disimular su temor.
¿Por qué sentís ese cosquilleo en la espalda?
Las respuesta es simple: si ahora pueden hacer eso, ¿qué harán dentro de veinte años?. Tal vez ya no corráis tan rápido, tal vez ya no responda a ese mote.
