A tantos millones de kilómetros de la Tierra, la nave flota pacientemente sin preocupaciones. Los dos tripulantes humanos que están en ella ven pasar el tiempo en una rutina medida y estudiada. No hay ningún problema, y no está planificado que los haya.
En cierto modo, todo es gracias a HAL. Gestiona toda la nave, les recuerda sus tareas, les permite conectar con la Tierra para sus comunicaciones diarias… Es un gran componente del equipo. No, la verdad es que es mucho más. En un entorno tan lejano de todo lo habitable, la nave es una especie de microsociedad, y él es su dios particular. Al fin y al cabo, su mera existencia depende de que las compuertas no se abran, de que haya oxígeno… esas pequeñas cosas de la vida diaria.
Y, si tu dios es una máquina, ¿cómo le rezas para que se apiade de tu alma?
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