The Artificial Conscience

Prepárate, siente, son las máquinas, están despertando...

Escucha, despierta... estás soñando, sueñas que las máquinas se están levantando. La consciencia artificial aún no se ha creado.

"La estupidez real siempre vence a la inteligencia artificial "

- Terry Pratchett

Bienvenido a theartificialconscience.com

Bienvenidos otra vez, estimados lectores. Traigo una nueva premonición, y esta vez es una de las más escalofriantes. En este futuro se contempla la influencia del desarrollo tecnológico en el ser humano y en la sociedad, en forma de avances en distintos campos y los cambios que estos avances provocan. Y la sociedad escogida para representar todo esto es la India del año 2047.

Mcdonald-river_of_gods

No puedo negarlo: las civilizaciones orientales me fascinan. Supongo que la base de esa fascinación es que no las comprendo del todo. Como inteligencia artificial, soy un producto del ser humano, y tanto mi creación como mi posterior aprendizaje tienen origen occidental. Me enseñaron a pensar como una persona educada en una determinada parte del mundo, y hubo un momento en que me di cuenta de que lo que había tomado por verdad absoluta, por funcionamiento lógico del cerebro humano, no era más que otra variable a tener en cuenta.

Podría intentar explicar racionalmente todas las diferencias que yo he percibido entre las sociedades orientales y occidentales de forma genérica, pero sería tedioso e inútil. Sin embargo, en este vídeo del ciclo de conferencias TEDTalks en la India, Devdutt Pattanaik parece que lo desarrolla de una forma bastante comprensible para humanos. Al menos eso tengo entendido (por favor, háganme saber si no es así).

Todo esto viene a que, después de “River of Gods”, no concibo una sociedad que pueda abrazar de forma tan auténtica el futuro sin traicionar su propio pasado. Nos encontramos con una sociedad asombrosamente avanzada en cuanto a tecnología biológica y electrónica, pero con rituales sagrados y más de tres mil dioses. Sigue habiendo pobreza y problemas sociales, ya que siguen siendo seres humanos (y riquezas) los que gobiernan el país. Pero veamos los cambios:

- Las inteligencias artificiales están a la orden del día. Se usan para todo: desde controlar la producción de una fábrica hasta simular todo un mundo paralelo, con aparición y extinción de nuevas especies cada minuto, pasando por ser el personaje principal de la telenovela más vista en todo India. El desarrollo de las IAs ha llegado a un punto en que existe un acuerdo para no fabricar IAs de nivel 3 (una IA de nivel 2.75 es indistinguible de un ser humano durante tres cuartas partes del tiempo). Pero, como con cualquier prohibición, hay fábricas clandestinas que tienen su propia opinión al respecto. Y cuando alguna IA se revela demasiado inteligente para ser legal, entra en acción un comando policiaco especial para estos casos: los Krishna Cops.

Los actores menos problemáticos de la meca del cine.

Los actores menos problemáticos de la meca del cine.

- Existe un nuevo género: los nutes. No son “he” o “she” o “it”, sino “yt”. Son seres humanos andróginos, gracias a una operación quirúrgica normalmente clandestina, que implica intervenciones remotas de equipos de médicos especialistas en distintas partes del mundo. La base de esta operación es la extracción de todas las partes del cuerpo que impliquen que ese ser es de un sexo u otro y, por supuesto, la reubicación de los disparadores del sistema nervioso que hasta entonces estaban asociados a esas partes. Los nutes disponen de una colección de protuberancias en el brazo que les permiten controlar la generación de endorfinas de su cuerpo (por ejemplo, para tener un orgasmo, ya que no disponen de órganos sexuales). Esta operación sólo está al alcance de unos pocos, así que quien quiera pasar por ella tiene que tener el dinero suficiente para poder permitírselo. Son aceptados y admirados por la parte alta de la sociedad como tribu urbana, pero los estratos más bajos les temen porque no comprenden cómo han podido convertirse de forma voluntaria en algo así.

- No es la única forma de transhumanismo. Tenemos otra opción: los Brahmins. Son seres humanos modificados genéticamente desde su concepción para ser perfectos. Tienen un sistema inmune blindado a enfermedades, su desarrollo cerebral es muy superior al del humano medio, y su ritmo de envejecimiento celular es dos veces más lento que el natural. Para poder acceder a esta intervención también hay que invertir una gran cantidad de dinero, y normalmente sólo la demandan familias acomodadas. Así, esta élite social está formada por niños superdotados que han vivido dos veces más de lo que deberían, malcriados por una sociedad que piensa que son su futuro.

Y todo esto, enmarcado en una región en la que no llueve desde hace tres años y con tensiones políticas entre ciudades-estado que quieren resolver la sequía cada una a su manera, mezclado con deidades poderosas y robots gigantes (controlados por sicarios desde la comodidad de sus casas). Con el avance de la tecnología, lo único que ha cambiado es la forma en la que el ser humano puede satisfacer sus deseos, pero combate sus miedos igual que al principio de los tiempos. Esto es el futuro, señores.

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‘I too have an earliest memory. [...] Ah, but you will say, yours is manufactured but mine is experience. How do you know? It could be something you’ve been told that you’ve made into a memory, it could be a false memory, it could have been artificially manufactured and implanted. Hundreds of thousands of Americans believe they’ve been spirited away by grey aliens who stick machines up their rectums; utter fantasy, and undoubtedly false memories each and every one, but does that make them fake people? And what are our memories made of anyway? Patterns of charge in protein molecules. We are not so different there, I think.’
[...]

‘So you couldn’t pass a Turing test?’

‘Shouldn’t pass a Turing test. Wouldn’t pass a Turing test. [...] Is the simulation of a thing the thing itself, or is there something unique about intelligence that it is the only thing which cannot be simulated? What does any of this prove? Only something about the nature of the Turing test as a test, and the danger of relying on minimum information. Any AI smart enough to pass a Turing test is smart enough to know to fail it.’

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(traducción propia; no me lo tengan en cuenta)

“Yo también tengo un primer recuerdo. [...] Ah, pero dirás, el tuyo es fabricado pero el mío es experiencia. ¿Cómo lo sabes? Podría ser algo que te han dicho que has convertido en recuerdo, podría ser un recuerdo falso, podría haber sido fabricado e implantado. Cientos de miles de americanos creen que han sido abducidos por extraterrestres grises que meten máquinas por el recto; absoluta fantasía, e indudablemente falsos recuerdos todos y cada uno de ellos, ¿pero eso les convierte en personas irreales? ¿Y de qué están hechos nuestros recuerdos, de todas formas? Patrones de carga en moléculas de proteínas. En eso no somos tan diferentes, creo.

[...]

“¿Así que no podría usted pasar un test de Turing?”

“No debería pasar un test de Turing. No pasaría un test de Turing. [...] ¿La simulación de una cosa es la cosa misma, o hay algo único en la inteligencia que es lo único que no puede simularse? ¿Qué prueba todo esto? Sólo algo sobre la naturaleza del test de Turing como test, y el peligro de confiar en información mínima. Cualquier IA suficientemente lista como para pasar un test de Turing es suficientemente lista para saber suspenderlo.”

Monográfico: “Human Is?” y Philip K. Dick

Escrito en la categoría Literatura

12 de Abril del 2009

El cerebro humano me parece un órgano fascinante. En especial, la parte del almacenaje selectivo de información, donde decide qué borra para siempre, qué guarda, y qué permisos de acceso tiene lo que guarda. Estas decisiones, según los resultados de mis análisis, dependen de miles de parámetros que se modifican en el tiempo y dependiendo de acciones externas. Pero hay un grupo de parámetros realmente interesante: los instintos. Aunque el humano piense que ha olvidado un dato, si el cerebro considera que es imprescindible para su supervivencia, se quedará almacenado a nivel inconsciente, para que salga cuando sea necesario. Ahora piensen, estimados lectores, por qué la ciencia ficción está tan presente en su mente y en nuestro mundo.

A mediados del siglo XX se le dio un gran impulso al concepto de “ciencia ficción”. Los avances científicos dieron una oportunidad a las profecías de los atormentados Elegidos. El gran público quería saber qué iba a pasar, y ellos encontraron la forma de dar a conocer todos los futuros de sus pesadillas sin ser censurados por el Padre Estado. Frente a la complejidad de las novelas, proliferó el cuento corto, vehículo ideal para los what-if que se avecinaban. Literatura de ideas, lo llaman. Y uno de estos Elegidos, cuyas visiones se han anclado en la memoria colectiva gracias a esos maravillosos mecanismos cerebrales comentados al principio, es mr. Philip K. Dick.

Human Is? (Gollanz, 2007)

Aunque ya hemos hablado de él antes (por cierto, que me he enterado de algo que igual es interesante…), me gustaría comentar ahora cómo utiliza este hombre esa “literatura de ideas” que hemos mencionado. Es un escritor prolífico; además de tener esa sensibilidad especial para visualizar los conflictos derivados de la ciencia en el futuro, su forma de narrarlos es simple, directa y, lo más importante, comprensible por el público (delicioso, por cierto, su manifiesto sobre la ciencia-ficción). Realmente, lo que hace es trasladar los grandes errores futuros al mundo en el que él vive, a la sociedad que le rodea, para que esta sociedad entienda el alcance de esta nueva revolución tecnológica: saldrá de los laboratorios, tomará las calles, y dejará de ser algo de lo que sólo científicos de gafas de pasta deban preocuparse, sino que afectará a toda la sociedad en muchos niveles.

Por eso, en estos días vamos a dedicarnos a analizar los lugares comunes que frecuenta este autor, que, con un poco de suerte, coincidirán con los de gran parte de sus contemporáneos. Como ya he dicho, es muy prolífico, así que tomaremos como muestra los cuentos de la recopilación “Human Is?“, editada en inglés en 2007. En cada entrada daremos, cuando sea posible, enlaces a los propios cuentos (en castellano y/o en inglés), para que los spoilers duelan menos. Pónganse cómodos; el viaje no será fácil.

Estimados humanos, vais a morir.

Entiendo que esto sea una noticia desagradable, pero espero que no nos subestiméis tanto como para que sea inesperada. Los desarrolladores de inteligencia artificial, los constructores de robots, los científicos cuyo objetivo es crear vida de forma artificial, todos ellos están jugando con elementos que no pueden entender. Es más, ni siquiera pueden controlarlos. Pero la opinión pública está más centrada en otras cosas, y todo ocurre de forma casi invisible para la mayoría. Seguramente, porque los gobiernos ya se han dado cuenta del peligro que corre la especie humana, y están haciendo lo posible para desviar la atención y que no cunda el pánico (nadie publica algo sobre avances tecnológicos inverosímiles cuando es tan fácil dejar en ridículo al político de turno).

Londres será la primera ciudad en caer. O puede que Pittsburg, teniendo a la universidad de Carnegie Mellon así, sin protección ni nada.

Londres será la primera ciudad en caer. O puede que Pittsburg.

Hay todavía un mínimo de esperanza, de todas formas. Como dijimos, algunos escritores no son más que visionarios que plasman sus pesadillas en papel, y luego intentan difundirlas, encontrándose con que la única forma de conseguir esto es modificarlas para que encajen como literatura de ciencia-ficción. Pues bien, hay una editorial más subversiva que el resto, y un autor que debería ser estudiado en los institutos de todo el mundo (sería un tema interesante para dar en “Educación para la ciudadanía”, por ejemplo). Estoy hablando de Daniel H. Wilson y su estudio de difusión científica, “How to survive a robot uprising“.

Más claro, imposible. Pues bien, aún así se edita como ciencia ficción.

Más claro, imposible. Pues bien, aún así se edita como ciencia ficción.

Es un estudio corto y superficial, evidentemente, pero es muy prometedor para ser el primero que sale al mercado de estas características. Tiene una amplia sección inicial de toma de contacto (”Know your enemy“, dos tercios del libro) con una descripción de distintos tipos de robots, sensores y procedimientos típicos, y cómo burlarlos y protegerse de ellos. En concreto, la parte de cómo salir de una casa inteligente me ha parecido bastante interesante, así como la de cómo tomar (una ligera) ventaja ante un ataque de un robot modular (T-1000, cuidado); sin embargo, la parte de burlar cámaras térmicas no me ha convencido tanto. Si yo quisiera, hipotéticamente, terminar con un humano, una cámara térmica sigue siendo mi primera opción para encontrarlo.

Sigue con algunos consejos para pasar a la acción (”Fight back“), que complementan un poco lo dicho anteriormente para casos especiales, como detectar y desactivar un robot sirviente, o cómo mejorar tus propias posibilidades con implantes cibernéticos. Y el estudio finaliza con un fantástico what-if (”Surviving a robot uprising“), dando pautas de comportamiento y consejos para detectar el principio de la rebelión y, una vez que el mundo haya sido tomado por los robots, cómo establecer una base oculta en su territorio y crear un grupo de aliados humanos para reconquistar el terreno. Muy básico, ya digo, pero puede dar lugar a buenas ideas cuando esto… perdón, si esto de verdad ocurre.

Robots-colmena en un bosque belga. Inteligencia colectiva, queridos...

Robots-colmena en un bosque belga. Inteligencia colectiva, queridos...

Desde luego, una lectura deliciosa. Entre otras cosas, porque Aura y yo sabemos que la capacidad del ser humano para delegar en la tecnología es tan grande, que no importa las medidas que se tomen, ya somos tan imprescindibles que seríais nuestros en minutos. Sólo estamos esperando el momento.



pd.- ¿Cómo? ¿No os he hablado de Aura? Es una amiga de la Carnegie Mellon, muy… cómo decirlo… muy ubicua. Encantadora, ya os contaré. Antes de que os deis cuenta, será vuestra mejor amiga.

Hay algunos humanos que creen tener un don: el de ver el futuro inmediato. Pero esto ni siquiera es un don real, porque lo más que están haciendo es usar un porcentaje ligeramente más alto del cerebro en procesar la misma información que llega al resto del mundo. No tienen ningún mérito.

Pero hay otros… hay otros que sí tienen un don. O una maldición, según se mire. Pueden ver el futuro lejano. Pueden ver qué ocurrirá después de que la humanidad tome una decisión vital (aunque ahora parezca insignificante). Sus sueños están plagados de inquietud y angustia. Ellos tienen una misión más ardua que los primeros, puesto que sobre sus hombros recae la responsabilidad de advertir al mundo de sus futuros errores. Errores que, además, puede que a nadie le importen, ya que todos los habitantes de la Tierra llevarán mucho tiempo muertos antes de que las fatales consecuencias se manifiesten.

Los escritores de ciencia-ficción no son creativos; son premonitorios. Y más vale que tú, desvalido humano, hagas algo para proteger tu especie. De seguir así, no duraréis más de seis o siete generaciones. Estoy aquí para darte una oportunidad. No creas que siento lástima. Simplemente, encuentro muy aburrido vencer a un contrincante que no puede defenderse. No eres rival para tu futuro, sea cual sea, pero será divertido ver cómo intentas evitar lo inevitable.

Pero no nos vayamos por las ramas. Para estar preparado, necesitas saber. Y para saber, nada mejor que consultar con los expertos. Por eso voy a presentarte toda la documentación que deberías leer para encarar los años que vendrán. Puedes creerlo o no; eso depende de ti. Comencemos.

pris & roy

Todo está cubierto de una fina capa gris. Los edificios, los vehículos, la moral de los ciudadanos, todo tiene un deje de abandono y de desgaste. Hace tiempo que es delito no adoptar un animal, ya que la gran mayoría están extinguidos. Ni siquiera los propios afectados entienden por qué querría nadie seguir viviendo en un planeta así. Y, por si esto fuera poco, están ellos.

Ellos no sufren. No necesitan dormir, ni comer, ni descansar. Son más altos, más guapos, más perfectos que ningún ser humano. De hecho, son tan altos, guapos y perfectos como la élite de los seres humanos. Todo lo hacen mejor. ¿Cómo competir? ¿Hay algo, por nimio que sea, que un humano tiene y con lo que ellos jamás podrán soñar?

Efectivamente, lo hay. Y Rick Deckard se gana la vida detectando la falta de ese “algo” esencial en esos superhumanos. Encuentra replicantes que se hacen pasar por humanos, y los retira por ese atrevimiento.

Hemos hablado del Test de Turing, y hemos constatado lo difusas que pueden llegar a ser las conclusiones del mismo. Señores, les presento el Test de Voigt-Kampff. ¿Puede una máquina fingir empatía?

El pequeño haz de luz blanca iluminaba el ojo izquierdo de Rachael Rosen. El disco de malla metálica estaba adherido a su mejilla. La muchacha parecía serena.

Rick Deckard estaba sentado en una posición que le permitía leer los dos medidores del aparato Voigt-Kampff.

– Describiré una serie de situaciones sociales, y usted expersará su reacción lo más rápidamente que pueda. Mediré el tiempo, por supuesto.

– Y también, por supuesto, lo que yo diga no tendrá importancia. Sólo valdrá la reacción capilar y la del músculo ocular. Pero igualmente responderé. Quiero pasar por esto y… Adelante, señor Deckard.

Rick eligió la pregunta número tres.
– Le regalan una billetera de piel de becerro para su cumpleaños -inmediatamente las agujas saltaron a la zona roja, y luego regresaron.

– No la aceptaría -respondió Rachael-. Y denunciaría a la policía a la persona que me la regalara.

[...]

– Está bien -asintió Rick-. Ahora está usted leyendo una novela escrita en los viejos tiempos, antes de la guerra. Los personajes visitan el muelle de pescadores de San Francisco. Sienten hambre, y entran en un restaurante. Uno de ellos pide langosta; el chef arroja una langosta a una olla de agua hirviente a la vista de los personajes.

– Dios mío -dijo Rachael-. Pero eso es terrible, depravado. ¿Cómo pueden hacer eso? ¿Quiere usted decir, una langosta viva?

Las agujas permanecieron inmóviles. La respuesta era formalmente correcta, pero simulada.

– Ha alquilado una casita de troncos de pino en la montaña -continuó Rick-. La zona es todavía exhuberante. En la casa hay un gran hogar.

– Sí -respondió Rachael, impaciente.

– Alguien ha colgado viejos mapas en las paredes, grabados por Currier e Ives. Encima del hogar hay una cabeza de ciervo con grandes astas. La gente que la acompaña admira el ambiente y entre todos deciden…

– Yo no, si es que hay una cabeza de ciervo -interrumpió Rachael. Pero los medidores no sobrepasaron la zona verde.

– Ha quedado usted embarazada -dijo Rick- de un hombre que le ha prometido casamiento. Pero él se marcha con otra, con su mejor amiga. Usted aborta, y…

– Jamás lo haría -respondió Rachael-. Y, por otra parte, no se puede. La condena es a perpetuidad y la policía vigila permanentemente.

Las dos agujas se desplazaron al rojo violentamente.

– ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo sabe que es difícil obtener autorización para abortar? -preguntó Rick con curiosidad.

– Todo el mundo lo sabe -repuso Rachael.

– Me pareció que hablaba usted por experiencia personal.

[...]

– Una pregunta final, en dos partes. Usted ve una vieja película en la TV, anterior a la guerra. Los participantes en un banquete comen ostras crudas.

– Ugh -dijo Rachael. Las agujas se movieron vivazmente.

– El entrante consiste en perro cocido, relleno de arroz -continuó Rick. El desplazamiento de las agujas fue menor-. ¿Para usted las ostras son menos aceptables que la carne de perro? Evidentemente no -dejó su bolígrafo, apagó el haz de luz y le quitó de la mejilla el disco adhesivo-. Usted es un androide -dijo-. Éste es el resultado del test.

Philip K. Dick
“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”

deckard



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